Tu consumo es un acto político

Vivimos en un mundo donde el consumo, y la producción, se ha convertido en el motor de nuestras vidas. La forma de relacionarnos, nuestra propia identidad, y hasta nuestra felicidad parece que van unidas a lo que tenemos, y a lo que compramos, más que a lo que somos. Nos hemos convertido en una “sociedad consumista”. Cada vez nos miramos mas el ombligo (o el móvil), y se nos olvida lo que realmente importa. Nos hemos vuelto consumistas e individualistas, y lo comunitario, la convivencia y otros valores se han ido perdiendo. Valgo lo que poseo.

Y todo esto nos ha llevado a que en la actualidad estemos gastando 1,7 planetas en una producción y consumo constante y masivo, acarreando ingentes cantidades de basura, innumerables impactos sociales, culturales, medioambientales y de género irreparables y una sociedad que ya ni siguiere tiene vida social, sino digital.

Ante esta sociedad “moderna”, como nos recordo Brenda Chávez en las jornadas celebradas el pasado sábado, el acto de consumir es un acto político. Por lo tanto las personas, tenemos un gran poder, para promover un modelo de producción y consumo que no acentúe esas desigualdades y que sea solidario, justo y equitativo. Tenemos un gran poder y también una gran responsabilidad, ya que hay más seres vivos en el planeta, y además no podemos comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

A través de las redes sociales, la tecnología y el marketing abusivo vivimos una situación en la que constantemente se incentiva y promueve el consumo de productos que supuestamente tienen el poder de dar la felicidad. Pero la realidad es otra muy diferente, la mayoría de cosas que consumimos, no las necesitamos, y mucho menos son la llave de la felicidad.

Desde Saretuz os proponemos hacer un cambio en nuestras vidas:

  • En primer lugar, comienza con el cuestionamiento del actual modelo de producción y consumo y las complejas implicaciones que conlleva. Después, replanteemos nuestras necesidades como personas, continuando con una reducción y un cambio de nuestros hábitos de consumo de bienes, alimentos y servicios, y también de la manera que tenemos de relacionarnos.
  • Y por otro lado, busquemos impulsar alternativas sostenibles, locales y cercanas, que, en el caso de los alimentos, también sean ecológicos y de temporada, con el objetivo de minimizar el impacto medioambiental en su producción, distribución y transporte.  No olvidemos ser críticas con un sistema que perpetúa las desigualdades sociales entre personas, pueblos, entre Norte y Sur y entre mujeres y hombres.

En días como hoy, que parece que el consumir es una fiesta, hay algunas cosas que nos deberíamos plantear:

  • ¿Realmente lo NECESITO?
  • ¿Cómo puedo satisfacer esa necesidad de otra forma?: REUTILIZANDO, REPARANDO, o comprando de SEGUNDA MANO.

Y algunas preguntas que nos podríamos hacer:

  • ¿De donde viene? ¿En que condiciones mediambientales o sociales se ha producido?
  • ¿Dónde lo compro? En una gran superficie o en un comercio pequeño y de cercanía? ¿qué condiciones laborales intuyo que tienen las personas que trabajan en él? ¿las mujeres trabajan en las mismas condiciones que los hombres?
  • ¿Cómo me venden lo que compro? ¿Utiliza publicidad sexista? ¿Engañosa?
  • ¿Cómo va envasado? ¿Qué residuos se van a generar con los envases?
  • Si se trata de un alimento.. ¿Cómo se ha cultivado / producido? ¿Se han respetado los ritmos de la tierra y/o animales o han sido sobreexplotados? ¿Es transgénico? ¿Se le han añadido pesticidas y antibióticos?

AZKENAK